Un edificio con años de historia, historia que todavía podemos ver en su interior. Un lugar clandestino con sus propias normas que solía hospedar amantes. El romance y la pasión eran los protagonistas de esta escena, y todas sus habitaciones e instalaciones respiran esa esencia de misterio y sensualidad.
Hay hoteles que se recuerdan por su arquitectura. Otros, por las historias que guardan entre sus muros. Desde 1933, Le Berger ha sido uno de los hoteles más singulares de Bruselas, un lugar donde la elegancia, la discreción y la libertad se unieron para crear una experiencia verdaderamente única.
En 1933, Le Berger fue creado como una solución para un club de amigos que no podían vivir fácilmente su doble vida secreta. Trabajadores que querían encontrar un lugar discreto y cómodo donde pudieran quedarse con sus amantes.
Uno de ellos, el Sr. Gabriel Duhoux, fue el empresario que diseñó y construyó Le Berger. Querían algo con un toque de lujo para la época, con el fin de atraer a las jóvenes. Fue diseñado como un lugar donde pudieran beber champán, comer ostras y disfrutar de la vida al máximo.
Por supuesto, en ese momento, la mentalidad de las personas no era tan flexible como después de la guerra o como lo es ahora. La vida sexual de la gente era muy secreta y oculta, pero aún necesitaban un lugar para expresarse. Por eso, se requería la máxima discreción al entrar al lugar.
Toda la circulación estaba diseñada de manera que era imposible encontrarse con otro cliente dentro de las paredes del hotel. Entrabas por una puerta, tomabas el primer ascensor y accedías a tu habitación con el acompañante. Después, bajabas por otro ascensor y salías por otra puerta.
Le Berger representó un concepto social único en Bruselas. Ofrecía un entorno seguro, elegante y profundamente discreto, donde las personas podían disfrutar de su libertad personal sin temor al juicio de los demás. Cada detalle del edificio fue concebido para proteger el anonimato de sus huéspedes, convirtiéndolo en un ejemplo excepcional de cómo la arquitectura puede estar al servicio de una función social.
El edificio fue construido a principios de la década de 1930 y abrió oficialmente sus puertas como Hôtel Le Berger en 1933. Diseñado en un elegante estilo Art Déco, refleja uno de los movimientos arquitectónicos más emblemáticos de Bruselas de aquella época. A día de hoy, conserva muchos de sus elementos decorativos originales, lo que lo convierte en uno de los hoteles históricos con más personalidad de la ciudad.
No, no era un burdel. La dirección de Le Berger siempre fue clara al respecto: no se permitía la prostitución dentro de sus paredes. Estaba claramente escrito en la entrada del hotel con este cartel (abajo). La gente venía a Le Berger para hacer el amor y disfrutar de la vida, no para ganar dinero ni tratar a las mujeres como objetos.